Fortalece tu constancia

Cambiar de hábitos es una tarea que requiere entre otras cosas de constancia, voluntad, paciencia y perseverancia.

En muchas ocasiones nos hemos planteado cambiar nuestros hábitos y no lo hemos conseguido. Esto es más habitual de lo que parece y puede ser debido, entre otras circunstancias, a que terminamos diciendo eso de “yo no soy constante” o que no tenemos fuerza de voluntad o un rotundo “no puedo”, que utilizamos como excusas para no seguir adelante con nuestro proyecto. No se lo ponemos fácil a nuestro cerebro.

Pues bien, para poder cambiar este círculo es necesario ponerse manos a la obra con ciertos matices respecto a la constancia. Ésta, igual que la voluntad, se puede entrenar… ¡de verdad!

El cerebro suele ser muy cómodo y tiende a tareas fáciles que gasten poca energía. Si no le das un camino bien estructurado, o directamente le haces “sufrir”, va a optar por lo que le suponga menos esfuerzo y sea menos doloroso para él.

Empezando por etiquetarnos como “persona no constante”.

El cerebro es muy cómodo y tiende a tareas fáciles

Si a mi cerebro le digo algo de manera reiterada que le produce frustración (por ejemplo, repetirnos que no somos constantes) lo que vamos a conseguir es que no quiera acercarse a nada que le suponga esa meta, la de ser constante en este caso, porque quiere alejarse de lo que le produce dolor (la frustración de la que hablaba).

Sin embargo, si hoy  no he ido al gimnasio, en lugar de repetirme “¡no soy nada constante!”, digo “iré mañana”, el cerebro ahora lo reconoce como motivación, que se acerca al placer (que es lo que le gusta) y en consecuencia, se acercará más a nuestro objetivo.

Por otra parte, nuestro cerebro hace uso de los recursos que tenemos en función de la relevancia que le demos a la meta. Si colocamos en nuestra lista de tareas como prioridad absoluta alimentarnos de manera consciente, nuestro cerebro irá directo a todo lo que tenga que ver con ello y encontrará opciones y alternativas que vayan en relación a la consecución de nuestro objetivo. Si le pones la meta clara, irá enfilado a ello, demostrando de nuevo que busca constantemente el camino fácil.

Nuestro cerebro usa los recursos que tiene más a mano, esto es, en función de la relevancia que le demos a nuestra meta

Sustituir el rotundo “no puedo” por preguntas ¿cómo podría? o ¿qué está en mi mano? también  funciona con nuestro cerebro. Las afirmaciones son fuente de enriquecimiento y fortalecimiento de la creencia “soy capaz de”, y las preguntas anteriores provocan que saques a la luz recursos que ni siquiera imaginabas que podías tener, aumentando la motivación y de nuevo dando placer a tu cerebro.

Después de priorizar tu meta, dándole la importancia que merece, y practicar las afirmaciones que nos acercan a nuestro objetivo, lo siguiente es organizar detalladamente y desglosar tu meta en pequeños pasos, accesibles y alcanzables para ti. De nuevo facilitarle el camino a nuestro cerebro, para que no tenga posibilidad de encontrar cualquier excusa.

Es muy importante imponerse un horario para hacer las tareas y marcar los días que lo vas a hacer. Mando directo a nuestro cerebro, metas concretas y definidas. Es muy importante que seas realista. Por ejemplo, si sabes que madrugar te supone un esfuerzo enorme, evita marcarte como hora de entrenamiento las 6 de la mañana, porque seguramente no lo cumplirás. Busca un horario en el que te sea fácil ir al gimnasio o salir a correr y que puedas cumplir lo que te propones. Recuerda que es tu prioridad, así que comprométete contigo.

Organizar y desglosar las metas es la mejor ruta de mando directo a nuestro cerebro

Cuando ya tenemos las tareas organizadas y los horarios bien marcados, piensa en el proceso.

Esto hará que tu cerebro recuerde con facilidad la ruta y pondrá todo de su parte para conseguirlo. Al organizar, tendrá bastante claro el recorrido y le va a resultar muy fácil mantener la constancia.

Por último, recordar que la paciencia es esencial para conseguir nuestros objetivos a largo plazo. Tener claro que existe un período de tiempo, un desfase entre acción y resultado, donde el efecto de lo que haces apenas se aprecia. Pero que no veas el efecto no significa que no exista. Por esto es tan importante avanzar con pasos cortos, y reconocerlos como mini-metas que nos aportarán pequeños triunfos día a día, retroalimentando nuestra motivación, fomentando nuestra constancia y disfrutando del camino hacia nuestras metas.

Piensa en el proceso, ten paciencia. Que no veas el efecto no significa que no exista

Fortalece tu constancia para transformar tu vida. Alcanza tu mejor versión.

Puedo ayudarte. Contacta conmigo: Raquel@elpoderdequerer.com

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