¿Confundimos placer con felicidad?

La sociedad en que vivimos está llena de estímulos de todo tipo enfocados a llevarnos a la acción para conseguir de manera inmediata recompensas.

Tiendas online para obtener tu compra ahora mismo, sin necesidad de desplazarte, con tan sólo apretar un botón, comidas preparadas en los supermercados que sólo necesitan calentar y servir, productos “milagro” para perder peso y moldear tu figura en tiempo récord… Son ejemplos de cómo el mundo que nos rodea fija su objetivo en las recompensas inmediatas sin tener en cuenta los objetivos a medio o largo plazo.

El autocontrol es una habilidad que requiere práctica y entrenamiento para mantenerlo activo. Lo rige nuestra parte del cerebro más racional, la corteza prefrontal,  que trabaja para lograr nuestros objetivos y nos mantiene en el camino hacia nuestros propósitos, favoreciendo de esta manera nuestro crecimiento personal y creando el camino hacia la verdadera felicidad.

El autocontrol nos mantiene en el camino hacia nuestros objetivos

De otra parte tenemos nuestra mente impulsiva, la que nos lleva a hacer aquello por lo que sentimos placer inmediato y la causante en muchas ocasiones de que nuestros intentos para mantener hábitos que nos pueden proporcionar una vida plena sean fallidos.

Nuestra mente impulsiva nos lleva a hacer aquello por lo que sentimos placer inmediato

Dentro de esta mente instintiva e impulsiva se encuentra el centro del placer. Ligado a nuestras emociones y motivación, ha sido garantía de nuestra evolución y supervivencia (sí, también incluye el placer sexual).

Para nuestros ancestros, en épocas de escasez de comida,  este sistema del cerebro nos alertaba de qué alimentos eran los más calóricos y generaba esa sensación de placer al ingerirlos, que provocaba la motivación para seguir buscándolos y garantizando de esta manera la supervivencia de la especie.

Aunque en nuestro momento actual este mecanismo ya no tiene sentido, tanto por la accesibilidad que tenemos a los alimentos como por el poco gasto de energía que supone conseguirlos, dicho mecanismo sigue permaneciendo activo y suele ser causante en numerosas ocasiones de nuestra falta de autocontrol, y no solo en tema comida sino en todos los sentidos,  poniendo en más de un aprieto a nuestros hábitos saludables.

El centro del placer está dentro de la mente impulsiva, y fue un mecanismo creado por nuestro cerebro para garantizar la supervivencia de la especie

Este sistema de recompensa ha ido desvirtuándose para llevarnos ahora a la acción hacia el consumo (de todo tipo y en exceso). Nuestro mundo está lleno de estímulos, y cuando nos sometemos a ellos, nos obsesionamos con aquello que nos produce placer y nos cuesta activar la corteza prefrontal para hacer uso del autocontrol.

Varios investigadores descubrieron en un experimento con ratas que estimular nuestro centro del placer de manera reiterada provoca conductas compulsivas, pero no solo eso, sino que también genera ansiedad solo de pensar en la posible desaparición del estímulo.

Este experimento abrió una ventana hacia los deseos irreprimibles y adicciones.

Cuando el cerebro reconoce una oportunidad de recompensa secreta dopamina, que es lo que indica en qué fijarse y cómo actuar. Esto nos hace sentir una gran excitación. Nos ponemos alerta, nos cautiva y lo reconocemos como una oportunidad de sentirnos fantásticamente genial, así que nos disponemos a esforzarnos para lograrlo. Esto es, cuando vemos un anuncio de prendas al 50% de descuento y la oferta acaba en un tiempo determinado, normalmente activo con un reloj cuenta atrás y nos disponemos a comprar rápidamente ¿Lo habéis experimentado alguna vez? Es un ejemplo claro de estimulación de nuestro centro de placer.

Al estimular el centro del placer, nuestro sistema de autocontrol se atenúa considerablemente y nos sentimos embaucadas por una gran excitación

Realmente no se trata de una experiencia agradable en sí, ni de satisfacción ni de recompensa. La dopamina lo que hace es anticipar esa recompensa en lugar de experimentarla. La dopamina te lleva a la acción, sintiendo ese placer generado por la excitaciónpero no te produce felicidad. ¿Cuántas veces te has arrepentido de lo que compraste en esa situación?

Esa excitación la provoca la dopamina. Anticipa una recompensa y te lleva a la acción.  Sientes placer generado por la excitación, pero no te produce felicidad

Cualquier cosa que creamos que nos va a hacer sentir bien activa nuestro centro del placer. El olor a café recién hecho, el sabor dulce, la textura sedosa del tiramisú o el crujir de una patata frita de bolsa al masticarla son señales que estimulan y nos generan la necesidad de consumirlos casi de manera inmediata. En el caso de la comida no es solo eso, sino que además existen otros sistemas receptores que intensifican el placer de los alimentos si son ricos en azúcar y grasas, y desactivan sistemas como nuestra sensación de saciedad cuando hemos ya cubierto nuestras necesidades. Esto genera que incrementemos la cantidad de alimentos que consumimos y el ansia por continuar.

Estimular de manera constante y sin control nuestro centro de placer puede derivar en conductas compulsivas no deseadas

Recordando la premisa de que nuestro cerebro busca placer y evita el dolor, estaremos en constante búsqueda de placer y lo intentaremos una y otra vez para conseguirlo. Y entonces ocurre que lo transformamos en hábito. Siguiendo con el ejemplo de las prendas al 50%, el hábito que se podría llegar a crear es comprar compulsivamente.

Ahora que ya lo conocemos, quiero deciros que esto se puede cambiar. Teniendo claro que la función de la dopamina es perseguir la felicidad y no conseguirla, podemos darle un giro a su función y utilizarla a nuestro favor.  Aunque no resulta fácil distinguir la excitación producida por el estímulo del centro del placer con la felicidad en sí, podemos entrenar a nuestro cerebro para, por una parte,  reconocer esas señales que activan este mecanismo, y por otra parte sopesar lo que espera de la recompensa con lo que de verdad experimenta. (¿De verdad es una prenda que querías, o sólo has sentido la excitación del anuncio de rebaja?)

Podemos utilizar la dopamina a nuestro favor para conseguir objetivos a largo plazo

Ser conscientes, observar y reconocer qué sensaciones genera es vital para tener claro que con ello no conseguimos la felicidad. Se trata de darle a conocer a tu cerebro la realidad para que pueda tomar mando tu autocontrol.

El autocontrol es el que hace que consigamos mantener los hábitos saludables que queremos para nuestra vida, proporcionando la satisfacción diaria de los pequeños triunfos saludables. La suma de cada momento de satisfacción producido por superar día a día esos pequeños triunfos es lo que se conoce como felicidad.

La suma de reconocer la satisfacción que obtenemos por los pequeños triunfos diarios es lo que se conoce como felicidad

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