¿Conoces estas 6 emociones básicas?

 

Por lo general, a lo largo de nuestra educación ya sea formal o cotidiana, recibimos muy poca información sobre las emociones y menos aún formación útil para saber convivir en armonía con las propias y las de los demás.

Vivimos en una sociedad en la que se da por supuesto que sabremos resolver qué hacer con nuestros sentimientos en diferentes etapas, con los cambios en la adolescencia, de qué manera educar a los hijos, la forma de afrontar una crisis…

Cuando no sabemos, en ocasiones utilizamos la autocrítica o buscamos culpas para intentar dejar zanjado el problema y evitar a toda costa la emoción desagradable que se ha generado. Pero, como dice la cantautora Rozalén, “…todo lo que no se atiende, tarde o temprano reaparece…”

Para tener una buena relación con las emociones tenemos que saber reconocerlas, dejarlas que lleven a cabo su proceso, y aprender a sacar la información que nos está ofreciendo para utilizarla a nuestro favor. De esta forma podremos dejar ir a nuestra emoción sin que deje secuelas, para que no reaparezca de manera no saludable o se transforme en otra emoción-secundaria- (de esto hablaré en una próxima publicación).

Mi intención con este artículo es aportar un  conocimiento básico sobre estas emociones que forman parte de nuestra vida y de las personas que nos rodean, saber qué nos dicen y cuáles son sus funciones.

Las emociones ocurren en respuesta a alguna clase de estímulo (real, imaginado o revivido) y son rápidas, coordinadas y organizadas, tienen expresiones fiables, motivan el comportamiento y son esenciales para establecer relaciones. Pueden salvar o enriquecer nuestra vida (Dr. Paul Ekman- Em Rev 2007). Son procesos que están relacionados con la evolución y adaptación.

Estas emociones básicas se consideran además universales porque comparten las mismas expresiones en cualquier parte del mundo. Por ejemplo, arquear las cejas, abrir más los ojos y abrir la boca son expresiones universales de la sorpresa, tanto en España como en Filipinas, Nueva Zelanda o Cabo Verde.

 

Un estudio publicado en la revista Proceedings of National Academy of Sciences, ha revelado que pueden llegar a existir 27 subtipos de emociones como espectro de las 6 básicas.

Vamos con estas últimas.

Alegría

Es considerada la más positiva y se asocia directamente con el placer y la felicidad. Nos informa de que hemos alcanzado una meta o que se atenúa un estado de malestar.

Es uno de los sistemas que tiene el cuerpo para llevarnos a la acción y nos sirve de recompensa en aquellas conductas que nos han resultado beneficiosas. Gracias a ella esa conducta se repetirá para volver a vivir esa sensación de placer. Es un motivador natural.

A nivel fisiológico,  aumenta la frecuencia cardíaca y el ritmo respiratorio. Además en el cerebro se liberan endorfinas (la llamada hormona de la felicidad) y dopamina.

Tristeza

A pesar de tener mala fama y ser la que mayor negatividad encarna, esta emoción cumple funciones tanto o más importantes que el resto de las emociones básicas.

La tristeza nos dice que hemos perdido algo importante o que nuestra necesidad de afecto y amor no está atendida. Se caracteriza por un decaimiento del estado de ánimo y por la reducción en el nivel de actividad cognitiva y de conducta.

La función de la tristeza es economizar energía hacia el exterior para invertirla en solucionar lo que está en nuestro interior. Es autoprotectora, centra la atención en nosotras mismas e incita a la búsqueda de apoyo social para facilitar la salida de esta situación. Por eso es muy común recurrir a amistades cuando hemos sufrido este estado.

Enfado

Se produce cuando alguien ha invadido nuestros límites, nos ha ofendido o ha ofendido a nuestros seres queridos. Nos ayuda a proteger los límites personales de la invasión de otros. Es una de las emociones más poderosas y urgentes y tiene un gran impacto en las relaciones con los demás (una persona que no gestiona de manera saludable su enfado puede tener problemas con sus relaciones sociales). Es importante no confundirlo con agresividad. Sentirse enfadada no significa necesariamente tener un comportamiento agresivo. Aunque veamos casos en los que la agresión ocurre en consecuencia del enfado (manifestación no saludable o desadaptativa de la emoción), un comportamiento agresivo puede darse también sin sentir dicho enfado.

A nivel fisiológico el cuerpo se activa y prepara para la acción. Aumenta el tono muscular y la frecuencia cardíaca y respiratoria, además de aumentar la adrenalina en sangre.

Miedo

Nos ha sido de gran utilidad para nuestra evolución. Se manifiesta cuando observamos algo que puede suponer un peligro para la supervivencia (vamos paseando por la calle y de repente nos encontramos frente a un tigre con mirada desafiante). Es una respuesta ante una amenaza concreta, que desaparece cuando has escapado del peligro. No debemos confundirlo con la ansiedad, que es una respuesta a “amenazas no visibles” fruto de nuestra mente, que no se manifiesta como un peligro físico (por ejemplo, un examen sorpresa). Nuestra capacidad para anticipar propia del ser humano nos genera ansiedad.

Facilita el aprendizaje hacia nuevas conductas que nos apartarán del peligro en el futuro.

Como respuesta fisiológica del miedo se observa elevación rápida de la activación, preparándonos para la huída o la lucha. El corazón y la respiración se aceleran.

Asco

Te dice que lo que estás experimentando es malo para ti. Se caracteriza por una sensación de repulsión ante la posibilidad de ingerir una sustancia nociva o contaminante.

La manifestación fisiológica se da con malestar gastrointestinal y a veces náuseas. Aumenta la frecuencia cardíaca y respiratoria además de la tensión muscular.

Es una de las emociones más importantes en el ser humano y diversos estudios han demostrado que evolucionó para facilitar la prevención de enfermedades infecciosas.

Sorpresa

Nos informa de que hay algo nuevo que merece la pena investigar. Es una reacción causada por algo imprevisto o extraño. Provoca incertidumbre y la sensación de mente en blanco.

Su función es vaciar la memoria de toda actividad para hacerle frente al imprevisto

Fisiológicamente, se desacelera la frecuencia cardíaca y se amplía la respiración. Puede aparecer un tono alto de voz acompañado de expresiones espontáneas.

Esta emoción puede ir seguida de otra emoción dependiendo de las características del estímulo. Así, si de repente nos encontramos con alguien muy querido a quien llevábamos tiempo sin ver, mostraremos alegría. Si el estímulo imprevisto no nos resulta agradable, lo más probable es que a continuación de la sorpresa mostremos  más o menos enfado.

 “Todo lo que no se atiende, tarde o temprano reaparece…”

Y a ti, ¿de qué te informan las emociones? ¿Qué relación tienes con ellas? ¿Sientes que alguna te domina o permanece demasiado tiempo?

¡Contacta conmigo!

Raquel@elpoderdequerer.com

+34616032430

Comentario (2)

  • Mar| enero 24, 2021

    Tu publicación me parece muy interesante. Y me lleva a pensar que, aunque sea la alegría la más valorada por su relación subjetiva con la felicidad, es poseer ese conjunto de emociones diversas y complementarias lo nos enriquece como seres humanos. La tristeza nos ayuda a volvemos al interior y conocernos, aunque no debamos refugiarnos en ella mucho tiempo, el miedo nos hace aprender, el enfado tiene una parte de reafirmación si nos hemos acostumbrado a ceder… Todas son positivas o negativas, solo depende de nosotros que la suma sea armónica y nos ayude a crecer.
    Gracias por tu página…

    • admin| enero 25, 2021

      Muchas gracias a ti, Mar, por tu aportación. Me encanta tu reflexión. Efectivamente, nos ayudan a conocernos y en el equilibrio del conjunto está la clave.
      Por esto, la importancia de trabajar nuestros hábitos emocionales.

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