Adiós fracaso, culpa y vergüenza

Posiblemente en muchas ocasiones hayamos intentado cambiar hábitos, pero no lo hemos conseguido. Intentar es una palabra en la que cabe tanto hacer como no hacer. Y es que cuando creemos que el reto que tenemos delante puede provocar que cometamos errores, lo más probable es que no lo intentemos.

Intentar es una palabra en la que cabe tanto hacer como no hacer

Solemos tener el error como concepto negativo y por ello no nos damos la oportunidad de experimentar ciertas situaciones que queremos, porque nos puede conducir a sentimientos que no nos gustan como el fracaso, la vergüenza o la culpa.

Solemos tener el error como concepto negativo

Los sentimientos de fracaso, culpa o vergüenza son bastante comunes a la hora de construir hábitos saludables, y son motivo de abandono en numerosas ocasiones. Estos sentimientos suelen aparecer porque tenemos un baremo de creencias sobre lo que está bien y lo que está mal.

Los sentimientos de fracaso, culpa o vergüenza son bastante comunes a la hora de construir hábitos saludables, y son motivo de abandono en numerosas ocasiones

Por ejemplo, si consideramos como buena para nosotras la disciplina, y mantenerla para la actividad física es nuestro objetivo, posiblemente ocurrirá que si cometemos el “error” de saltarnos varios días seguidos el entrenamiento por el motivo que sea, sintamos que hemos fracasado en nuestra disciplina.

Si creemos que es mejor comer manzanas que galletas, y nuestro objetivo es mejorar nuestros hábitos de alimentación, el momento en que cometamos el “error” de comernos alguna galleta es posible que nos sintamos culpables.

Si estamos trabajando para seguir creciendo en oratoria, y nuestra creencia es que queda mal trabarte cuando hablas en público, si “cometes el error de atascarte” mientras hablas es posible que sientas vergüenza.

Esa imagen negativa que tenemos del error puede que nos impida sacarle partido y transformarlo. Debido a esos posibles sentimientos que surgen, nos cuesta identificar qué podemos mejorar y tendemos a echar la culpa a agentes externos.

Esa imagen negativa que tenemos del error puede que nos impida sacarle partido y transformarlo

¿Y si cambiamos el concepto? ¿Y si no lo llamamos error? ¿Y si lo clasificamos simplemente como algo que nos aleja de nuestras metas?

Todos los días nos equivocamos y por ello cada día la vida nos da la oportunidad de rectificar y elegir lo que nos acerca a nuestros objetivos.

El fracaso, la culpa y la vergüenza son tres sentimientos que aparecen con demasiada frecuencia cuando queremos construir hábitos saludables

Si conseguimos minimizar estos sentimientos será más fácil mantenernos en nuestros objetivos y alcanzar las metas propuestas.

Reformular lo que consideramos “error” como “situación que nos aleja de nuestros objetivos”, puede hacer que nos sintamos menos fracasadas, culpables o avergonzadas y más responsables de lo que ocurre, pudiendo de esta manera tomar cartas en el asunto buscando alternativas.

Reformular lo que consideramos “error” como “situación que nos aleja de nuestros objetivos”

Cuando nuestro objetivo es mantener la disciplina, si en vez de “cometer el error de saltarnos tres días de entrenamiento”, nuestro diálogo se parece más a “No pasa nada por haber parado estos tres días. Llevo dos meses seguidos manteniendo la disciplina y es normal que necesite descansar. Mañana sin falta volveré a la tarea”, lo más probable es que sientas la motivación de continuar con tu proyecto. Adiós sentimiento de fracaso.

Si lo que perseguimos es mantener una alimentación saludable, en vez de decir “he cometido el error de comerme unas galletas”, puedo reformular y decirme “los hábitos se mantienen con la suma de muchas acciones saludables, y tras dos semanas de fruta como postre y haber conseguido retirar el azúcar de café de la mañana, las galletas son insignificantes.” Bye bye culpa. Y si además has disfrutado y te has comido las galletas de manera consciente, saboreando y degustando cada bocado ¡enhorabuena! Un paso más en tus hábitos de alimentación saludable.

Reformular es una forma sencilla y accesible de cambiar excusas por motivación.

Y como he comentado al principio, intentar modificar o construir hábitos no es hacer.

Intentar sirve para justificar una posible no acción, para la que encontraremos miles de excusas

Dejemos de intentar y pongámonos a hacer.

Recuerda que las únicas personas que nunca se equivocan son las que no hacen nada, las que se quedan paradas esperando a que el resto actúe y ver en los demás esos errores que nunca experimentarán por sí mismas.

Haz, reformula y vuelve a hacer. Construye el hábito de reformular para motivarte.

Contacta conmigo: Raquel@elpoderdequerer.com

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *