Lo que tienes que saber sobre las cadenas musculares

Nuestro cuerpo está formado por diferentes estructuras que, aunque comúnmente podamos conocerlas como sistemas independientes (huesos, músculos, órganos, sistema circulatorio, etc…) tenemos que saber que esto no es así. Todos los sistemas que pertenecen al cuerpo humano están relacionados entre sí, y cualquier dolencia o disfunción que pueda aparecer en un punto o sistema concreto va a afectar al resto del organismo en mayor o menor medida.

El cuerpo humano funciona y se relaciona como un único sistema. Y lo mismo ocurre con cada sistema en sí mismo. Hablemos de los músculos y, concretamente, de las cadenas musculares.

Dentro del sistema muscular, las cadenas musculares son conjuntos de músculos que se relacionan entre sí para propagar fuerza y producir un movimiento.

Realizan un trabajo organizado que favorece funciones como mantenerte erguida y en equilibrio o realizar gestos y movimientos con una intención determinada.

En estas funciones tiene un papel determinante la fascia (esta es la estructura que conecta entre sí todas las regiones del organismo, como por ejemplo el sistema visceral con el sistema músculo-esquelético). Esta “tela” fascial es un envoltorio superficial del cuerpo que va penetrando en profundidad hasta el envoltorio de las células. Todas las estructuras de tejido conjuntivo como tendones, ligamentos, cápsulas pleura, peritoneo… forman parte funcionalmente hablando de una única fascia, de un único envoltorio.

Este envoltorio no acepta que lo tensen, por tanto, es necesario que las tensiones que se apliquen sobre la fascia estén en equilibrio fisiológico constante. La tensión tiene consecuencias.

Por ejemplo, puede ocurrir que si la movilidad del sistema músculo-esquelético se altera, tengamos una reducción en la velocidad de funcionamiento de una o varias vísceras.

En el libro “Las cadenas musculares. Tomo 1”, su autor L. Busquet define las cadenas musculares como “circuitos en continuidad de dirección y de planos a través de los cuales se propagan las fuerzas organizativas del cuerpo”.

Según el autor, el cuerpo obedece a tres leyes: equilibrio, economía y no dolor (confort).

-Dentro de nuestro esquema fisiológico (vísceras, vasos sanguíneos, hormonas, sistema neurológico, etc…) al ser funciones prioritarias para nuestra supervivencia, el cuerpo adopta soluciones siempre económicas (energéticamente hablando) para mantener intacto el equilibrio.

Por ejemplo, cuando llevamos horas delante del ordenador, el cuerpo reacciona creando contractura en la musculatura cervical, que no es más que provocar una tensión extra en uno o varios músculos para proteger otras estructuras. En este caso lo hace para preservar la integridad de todas las inervaciones nerviosas presentes en la zona cervical, evitando que un movimiento brusco pueda dañar las estructuras, y garantizando su correcto funcionamiento. De esta forma, mantendrá el equilibrio funcional de nuestro sistema neurológico con un coste energético mínimo por parte de éste. Aunque el precio se lo cobra en forma de energía para mantener la contractura de los músculos cervicales, está garantizando el equilibrio y la economía de la médula espinal cervical, vital para nuestra supervivencia.

-Con respecto al esquema adaptativo, es decir, a nuestra relación con el entorno, el cuerpo dará prioridad al equilibrio obedeciendo a la ley del no dolor, haciendo trampas, sacrificando lo que sea necesario y provocando adaptaciones menos económicas para recuperar el confort.

El cuerpo humano está diseñado para relacionarse  de pie con el entorno (bipedestación). Los órganos (vista, oído, olfato, tacto…) están situados para percibir, observar, reaccionar y dar en esta posición. Por tanto, el cuerpo se tiene que adaptar a la gravedad, asegurar su equilibrio y programar el gesto para poder dar, tomar, crear… Hará lo necesario para mantener el equilibrio de los órganos y garantizar la mejor manera de interactuar con el exterior.

Las cadenas musculares van a asegurar estas funciones, y las fascias asumen la coordinación entre los diferentes sistemas.

Dado que en el esquema adaptativo, el cuerpo obedece al confort (no dolor) y el equilibrio es prioritario, las adaptaciones para que esto ocurra se pagan con un gasto superior de energía, que se traduce en un estado de fatiga más importante.

Un ejemplo, como hemos visto antes, son las contracturas musculares. Un músculo contracturado gasta más energía por el simple hecho de mantener constantemente dicha posición en pro del equilibrio. En este caso, el cuerpo mantiene de manera permanente la contracción en un músculo de  una cadena muscular con descompensaciones cuando hay una demanda externa (es decir, que haya unos músculos más desarrollados que otros en la misma cadena muscular). Esto es debido a que dichas fuerzas externas han sido demasiado exigentes, bien porque la cadena muscular requerida para el esfuerzo está poco entrenada, o bien porque a pesar de estar suficientemente entrenada la exigencia ha sido excesiva para su capacidad en ese momento.

El entrenamiento funcional está enfocado principalmente en el trabajo de las cadenas musculares.

Como hemos visto anteriormente, mantener el equilibrio de las cadenas va a tener un papel fundamental para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Además, vamos a encontrar en el entrenamiento funcional otros grandes beneficios como:

-Que el entrenamiento funcional haga más efectivo y saludable cada movimiento, reduciendo así el riesgo de lesión y optimizando el tiempo en nuestras sesiones.

-Que cada músculo que conforma la cadena se ejercite a la vez y en sinergia con su cadena natural, consiguiendo con ello que se encuentre igual de fuerte que los demás, evitando descompensaciones musculares, y volviendo al objetivo de mantener el equilibrio muscular (y en consecuencia favoreciendo nuestro equilibrio interno).

Mejorará la coordinación neuromuscular y la postura corporal.

-Fortalece el core y  produce un trabajo integral más completo, más allá de ejercicios analíticos para músculos específicos que pueden producir en algunos casos las antes citadas descompensaciones.

 

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Contacta conmigo: Raquel@elpoderdequerer.com

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