Creer en el poder del hábito

«Nuestra vida entera no es más que un amasijo de hábitos, que nos conduce inevitablemente a nuestro destino, sea cual sea». William James.

William James (1842-1910) nació  en Nueva York en el seno de una familia acomodada. Psicólogo y filósofo, fue uno de los artífices de la constitución de la Psicología como ciencia. Hermano del famoso escritor Henry James, se formó en buenas escuelas, tanto en los Estados Unidos como en Europa, y conoció en profundidad las diferentes tendencias y corrientes filosóficas que caracterizaban cada lugar que visitaba. Su padre además fue un famoso teólogo por el cual estuvo muy influenciado.

James lo tenía todo para convertirse en una persona bien posicionada. Sin embargo, aunque en 1864 empezara a estudiar medicina en Harvard y terminase en 1869 tras varios paréntesis (James además fue un niño enfermizo), nunca llegó a ejercer como médico. Filosofía y Psicología era otro ámbito de estudio que le llamaba más la atención.

Durante sus estudios de medicina decidió unirse a una expedición por el Amazonas  que con el tiempo abandonó. Se recriminaba constantemente que no era bueno en nada y dudaba de si podría mejorar. Al retomar de nuevo sus estudios de medicina visitaba manicomios y sentía con frecuencia que tenía más cosas en común con los pacientes que con sus colegas médicos.

James se sentía el fracasado de la familia, y llegó a plantearse si el suicidio sería la mejor alternativa, así que antes de hacer algo precipitado tomó una decisión. Haría un experimento de un año. Pasaría doce meses creyendo que tenía el control sobre sí mismo y sobre su destino, anotando cada mañana en su diario que sería capaz de mejorar y que tenía la libertad para elegir cambiar.

Aunque no había evidencia de que nada de eso fuera cierto, se permitió la libertad de creer que el cambio era posible, aunque las evidencias hasta ese momento demostraran lo contrario.

Pasó doce meses creyendo que tenía el control de sí mismo, de su destino

En el transcurso del año siguiente practicó todos los días. En su diario escribía como si el control sobre sí mismo y sus elecciones nunca estuvieran en duda. Consiguió su objetivo.

En 1873 regresó a Harvard para impartir clases de Psicología y Filosofía. Habían cambiado ciertas cosas desde que se licenció en medicina. En ese transcurso de tiempo había sometido su experiencia vital a un examen filosófico y se centró además en estudiar la consciencia y los estados emocionales.

Se permitió la libertad de creer que el cambio era posible

En 1878 se casó. Tuvo cinco hijos. Durante este periodo siguió con su ardua investigación hasta que en 1890 surgieron sus Principios de Psicología.

En el libro hay muchas ideas y nociones para entender lo que ocurrió. En este famoso texto afirmaba que la voluntad de creer es el principal ingrediente para generar la creencia en el cambio y que uno de los métodos más importantes para generar dicha creencia son los hábitos. Cuando elegimos quién queremos ser, nos configuramos.

Uno de los métodos para generar dicha creencia son los hábitos

Si crees que eres capaz de cambiar y esta creencia la conviertes en rutina automática, el cambio se vuelve real. Este es el verdadero poder de los hábitos: la convicción de que los hábitos son aquellos que elegimos que sean.

Cuando tomamos la decisión de creer en el cambio y convertimos esta creencia en automática, se convierte en una realidad.

Los hábitos son aquellos que elegimos que sean

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Entrena el autocontrol y transforma tu vida

Todas nuestras metas a largo plazo, como transformar y mantener hábitos saludables, nos obligan a elegir de manera inteligente los caminos que nos llevan a instaurar y permanecer en dichos hábitos. Tomar siempre la decisión más acertada en nuestras acciones para no desviarnos del objetivo depende de nuestro autocontrol.

El autocontrol es una cualidad innata que juega un papel muy importante en nuestros éxitos y fracasos y va a ser determinante a la hora de llegar a transformarnos en quien queremos ser

Hace que tengamos presentes cuáles son nuestros objetivos a largo plazo y nos recuerda cuáles son las acciones que debemos tomar para permanecer en el camino hacia nuestras metas.

Elegir leer en lugar de ver televisión o elegir comida saludable frente a comida basura, son ejemplos que demuestran que nuestro autocontrol es clave para el éxito.

Tanto la parte racional del cerebro como la instintiva son determinantes para nuestro autocontrol.

Nuestro cerebro posee dos estrategias para sobrevivir:

-Instintos básicos, que nos sirvieron ancestralmente para detectar situaciones de peligro y sobrevivir a los depredadores.

-La estrategia racional, que nos permite controlar nuestros instintos primitivos y tener metas a largo plazo.

Nuestra parte instintiva o irracional, es la responsable de que sintamos deseos y tentaciones que buscan la gratificación inmediata. La parte responsable, lógica y de autocontrol es la corteza prefrontal. Ambas son fundamentales para nuestro desarrollo y funcionalidad en nuestra vida.

Beber alcohol o no dormir lo necesario reduce nuestro autocontrol

Existen situaciones que pueden producir daños temporales en el cerebro como el alcohol (estado de embriaguez) o dormir menos horas de las recomendadas. Estas situaciones hacen que nuestra corteza prefrontal pierda su capacidad racional y el autocontrol se vea seriamente disminuido. En estos momentos, tendemos a las opciones menos saludables o a jugar a videojuegos en lugar de trabajar para nuestros proyectos y objetivos.

Situaciones de estrés crónico también nos apartan de nuestros objetivos

El estrés crónico mantiene alerta de manera constante nuestra parte instintiva y favorece que caigamos en gratificaciones inmediatas. Anula gran parte de nuestra capacidad racional provocando de esta forma que las decisiones que tomemos  no sean las adecuadas para mantener nuestros hábitos saludables.

Es posible entrenar y aumentar nuestro autocontrol

La práctica regular tanto de ejercicio físico como de meditación, incluso en pequeños períodos de tiempo, puede incrementar el tamaño de nuestra corteza prefrontal y su funcionalidad, aumentando nuestra voluntad y autocontrol que favorecerá que las decisiones que tomemos tengan en cuenta nuestros objetivos a largo plazo, es decir, nos ayuda a afianzar los hábitos que queremos para nuestra vida.

Sentir culpa puede reducir nuestro autocontrol y alejarnos de nuestros objetivos

La culpa que sentimos cuando abandonamos el gimnasio, o recaemos en cualquier mal hábito del que intentábamos desprendernos, además de liberar hormonas del estrés y hacernos sentir mal, puede llevar a desenfocarnos de nuestros propósitos.

Esta es una situación vulnerable para nuestro cerebro, ya que buscará sentirse bien a toda costa y es más probable recaer en nuestro comportamiento no deseado.

Ser conscientes de que la culpa no nos ayuda y tomar la recaída como un aprendizaje hará posible que recuperemos de nuevo nuestro autocontrol.

Nuestro autocontrol puede aumentar o disminuir dependiendo de con quién nos relacionemos.

Pertenecer a un grupo donde hacer deporte y la comida saludable son hábitos predominantes, hace que la posibilidad de caer en hábitos no saludables sea mucho menor que si pertenecemos a un grupo donde lo considerado normal son hábitos como fumar, beber alcohol o frecuentar restaurantes de comida rápida.

El autocontrol es contagioso y por eso dependiendo de quién nos rodeemos puede influir positiva o negativamente en nuestros hábitos

Los medios de comunicación también pueden contagiarnos con sus informes desalentadores, por ejemplo, sobre la caída de hábitos saludables en nuestra sociedad. Este tipo de informes crea un efecto absolutamente contrario a lo que se desea conseguir. Si eres una persona que no le gusta leer y ves en televisión que la mayoría de la gente no lee, entonces te sentirás parte de esa comunidad y lo verás algo normal, con lo que no te animará en absoluto a iniciarte en el hábito de la lectura ni harás esfuerzo para ello.

Nuestro autocontrol funciona como un músculo, que se puede entrenar y desarrollar

Cada vez que decides comer algo saludable, o eliges ponerte las zapatillas y salir a correr en lugar de sentarte en el sofá, estarás entrenando tu autocontrol. Y si lo haces de manera constante y consistente se convertirá en hábito que tras haberlo afianzado apenas supondrá esfuerzo realizarlo y te será más fácil elegir las acciones en concordancia con tus metas.

Entrena tu autocontrol. Transforma tus hábitos. Transforma tu vida.

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Lo que tienes que saber sobre las cadenas musculares

Nuestro cuerpo está formado por diferentes estructuras que, aunque comúnmente podamos conocerlas como sistemas independientes (huesos, músculos, órganos, sistema circulatorio, etc…) tenemos que saber que esto no es así. Todos los sistemas que pertenecen al cuerpo humano están relacionados entre sí, y cualquier dolencia o disfunción que pueda aparecer en un punto o sistema concreto va a afectar al resto del organismo en mayor o menor medida.

El cuerpo humano funciona y se relaciona como un único sistema. Y lo mismo ocurre con cada sistema en sí mismo. Hablemos de los músculos y, concretamente, de las cadenas musculares.

Dentro del sistema muscular, las cadenas musculares son conjuntos de músculos que se relacionan entre sí para propagar fuerza y producir un movimiento.

Realizan un trabajo organizado que favorece funciones como mantenerte erguida y en equilibrio o realizar gestos y movimientos con una intención determinada.

En estas funciones tiene un papel determinante la fascia (esta es la estructura que conecta entre sí todas las regiones del organismo, como por ejemplo el sistema visceral con el sistema músculo-esquelético). Esta “tela” fascial es un envoltorio superficial del cuerpo que va penetrando en profundidad hasta el envoltorio de las células. Todas las estructuras de tejido conjuntivo como tendones, ligamentos, cápsulas pleura, peritoneo… forman parte funcionalmente hablando de una única fascia, de un único envoltorio.

Este envoltorio no acepta que lo tensen, por tanto, es necesario que las tensiones que se apliquen sobre la fascia estén en equilibrio fisiológico constante. La tensión tiene consecuencias.

Por ejemplo, puede ocurrir que si la movilidad del sistema músculo-esquelético se altera, tengamos una reducción en la velocidad de funcionamiento de una o varias vísceras.

En el libro “Las cadenas musculares. Tomo 1”, su autor L. Busquet define las cadenas musculares como “circuitos en continuidad de dirección y de planos a través de los cuales se propagan las fuerzas organizativas del cuerpo”.

Según el autor, el cuerpo obedece a tres leyes: equilibrio, economía y no dolor (confort).

-Dentro de nuestro esquema fisiológico (vísceras, vasos sanguíneos, hormonas, sistema neurológico, etc…) al ser funciones prioritarias para nuestra supervivencia, el cuerpo adopta soluciones siempre económicas (energéticamente hablando) para mantener intacto el equilibrio.

Por ejemplo, cuando llevamos horas delante del ordenador, el cuerpo reacciona creando contractura en la musculatura cervical, que no es más que provocar una tensión extra en uno o varios músculos para proteger otras estructuras. En este caso lo hace para preservar la integridad de todas las inervaciones nerviosas presentes en la zona cervical, evitando que un movimiento brusco pueda dañar las estructuras, y garantizando su correcto funcionamiento. De esta forma, mantendrá el equilibrio funcional de nuestro sistema neurológico con un coste energético mínimo por parte de éste. Aunque el precio se lo cobra en forma de energía para mantener la contractura de los músculos cervicales, está garantizando el equilibrio y la economía de la médula espinal cervical, vital para nuestra supervivencia.

-Con respecto al esquema adaptativo, es decir, a nuestra relación con el entorno, el cuerpo dará prioridad al equilibrio obedeciendo a la ley del no dolor, haciendo trampas, sacrificando lo que sea necesario y provocando adaptaciones menos económicas para recuperar el confort.

El cuerpo humano está diseñado para relacionarse  de pie con el entorno (bipedestación). Los órganos (vista, oído, olfato, tacto…) están situados para percibir, observar, reaccionar y dar en esta posición. Por tanto, el cuerpo se tiene que adaptar a la gravedad, asegurar su equilibrio y programar el gesto para poder dar, tomar, crear… Hará lo necesario para mantener el equilibrio de los órganos y garantizar la mejor manera de interactuar con el exterior.

Las cadenas musculares van a asegurar estas funciones, y las fascias asumen la coordinación entre los diferentes sistemas.

Dado que en el esquema adaptativo, el cuerpo obedece al confort (no dolor) y el equilibrio es prioritario, las adaptaciones para que esto ocurra se pagan con un gasto superior de energía, que se traduce en un estado de fatiga más importante.

Un ejemplo, como hemos visto antes, son las contracturas musculares. Un músculo contracturado gasta más energía por el simple hecho de mantener constantemente dicha posición en pro del equilibrio. En este caso, el cuerpo mantiene de manera permanente la contracción en un músculo de  una cadena muscular con descompensaciones cuando hay una demanda externa (es decir, que haya unos músculos más desarrollados que otros en la misma cadena muscular). Esto es debido a que dichas fuerzas externas han sido demasiado exigentes, bien porque la cadena muscular requerida para el esfuerzo está poco entrenada, o bien porque a pesar de estar suficientemente entrenada la exigencia ha sido excesiva para su capacidad en ese momento.

El entrenamiento funcional está enfocado principalmente en el trabajo de las cadenas musculares.

Como hemos visto anteriormente, mantener el equilibrio de las cadenas va a tener un papel fundamental para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Además, vamos a encontrar en el entrenamiento funcional otros grandes beneficios como:

-Que el entrenamiento funcional haga más efectivo y saludable cada movimiento, reduciendo así el riesgo de lesión y optimizando el tiempo en nuestras sesiones.

-Que cada músculo que conforma la cadena se ejercite a la vez y en sinergia con su cadena natural, consiguiendo con ello que se encuentre igual de fuerte que los demás, evitando descompensaciones musculares, y volviendo al objetivo de mantener el equilibrio muscular (y en consecuencia favoreciendo nuestro equilibrio interno).

Mejorará la coordinación neuromuscular y la postura corporal.

-Fortalece el core y  produce un trabajo integral más completo, más allá de ejercicios analíticos para músculos específicos que pueden producir en algunos casos las antes citadas descompensaciones.

 

¿Quieres mejorar tu equilibrio físico y emocional? Estaré encantada de ayudarte.

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